Esto es para mayores de 18 años. Si no los tienes, no deberías mirar a través de la cerradura.
Si alguien siente vulnerado su copyright, no tiene más que comunicármelo y retiraré el texto, imagen o sonido en cuestión.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Y yo perdí


Tus diez infantes armados
se clavaron en mi retaguardia
colapsando toda posible huida
atrapando gemidos
capturando labios,
llevaste a todas mis huestes
a una prisión de piel
sujetos a barrotes de brazos y piernas
sin más alternativa que la de invadirte;
32 piezas acorazadas
castigaron mis flancos sin defensas
y el color rojo tiñó mi ser
perdiendo toda percepción de realidad.
En un campo de batalla
repleto de blancos y susurros
nos enfrentamos en desnuda pelea
distintas armas
desigual estrategia,
lo sé, recuerdo tu voz
un maltrecho colchón
yo deshecho en un mar de sábanas enredado
y tu con la sonrisa de quien se sabe vencedora.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Tu pubis

 ¡¡¡FELICES Y CALENTITAS FIESTAS Y PRÓSPERO AÑO 2011!!!



Invitación a ver lo que no veo.
Desafío que ampara mis locuras.
Razón de mis atléticas posturas.
Todo origen si origen deseo.
Premura constipada que a Teseo
dirige nuevamente a las oscuras
entrañas del misterio. Voz que a duras
penas tiene una lengua. Mi recreo.
Si rincón, el preciso; el necesario,
si refugio. Verdad tan inocente
que no requiere sombra ni escenario.
Rastro -mujer de Lot- de tantas sales.
Antiguo silo de un afán reciente.
Levedad que se erige en mil finales.


Texto: "Tu pubis" de  Federico Hernández Aguilar

lunes, 20 de diciembre de 2010

Lo que deseo


Tu deseo infinito,
tu mirada ardiente,
tus manos acariciadoras,
tu morbo incitante,
tu piel inabarcable,
tu sombra brillante,
tus fantasías lujuriosas,
tu luz inquietante,
tus besos enloquecedores,
tus palabras calientes,
tu sexo erecto,
tu voz excitante,
tu boca voraz,
tu locura tierna,
tu ternura loca,
tu fuerza dominante,
tu pasión salvaje,
tus ganas desmesuradas...

TODO TÚ,

en dos palabras.


Assumpta Solsona Cabiscol (2008)

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Los latidos estallan en mis labios...



Los latidos estallan en mis labios
que ya apenas murmuran:
come, death, and wellcome!
Sobre el ansia desértica
de tu carne de agraz arboladura
la luna se desmaya
cubriendo de pudor
descuartizados miembros,
que en la sangre recogen
el aullido cortante,
los amorosos restos de mi cuerpo.

 Texto: "Los latidos estallan en mis labios..." de Clara Janés.


viernes, 10 de diciembre de 2010

Castigo para tu carne

Así, yo quisiera una noche,
Cuando la hora del placer llega,
Trepar sin ruido, como un cobarde,
A los tesoros que te adornan,
             

A fin de castigar tu carne,
De magullar tu seno absuelto
Y abrir a tu atónito flanco
Una larga y profunda herida.


Y, ¡vertiginosa dulzura!
A través de esos nuevos labios,
Más deslumbrantes y más bellos,
Mi veneno inocularte, hermana mía. 


Texto: "A la que es demasiado alegre" (fragmento) de Charles Baudelaire.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Desespero

 

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,      
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo      
en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.      
Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,      
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Texto: "Una canción desesperada" (fragmento) de Pablo Neruda

martes, 30 de noviembre de 2010

Definición


Podríamos tener una discusión sobre el amor.
Yo te diría que amo la curiosa manera
en que tu cuerpo y mi cuerpo se conocen,
exploradores que renuevan
el más antiguo acto del conocimiento.

Diría que amo tu piel y que mi piel te ama,
que amo la escondida torre
que de repente se alza desafiante
y tiembla dentro de mí
buscando la mujer que anida
en lo más profundo de mi interior de hembra.

Diría también que amo tus ojos
que son limpios y que también me penetran
con vaho de ternura o de preguntas.

Diría que amo tu voz
sobre todo cuando decís poemas,
pero también cuando sonás serio,
tan preocupado por entender
este mundo tan ancho y tan ajeno.

Diría que amo encontrarte
y sentir dentro de mí
una mariposa presa
aleteándome en el estómago
y muchas ganas de reírme
de la pura alegría de que existía y estás,
de saber que te gustan las nubes
y el aire frío de los bosques de Matagalpa.
Podríamos discutir si es serio
esto que te digo.
Si es una quemadura leve, de segundo,
tercer o primer grado.
Si hay o no que ponerle nombre a las cosas.
Yo sólo una simple frase afirmo
Te amo

Texto: "Definición" de Gioconda Belli

jueves, 25 de noviembre de 2010

Piedra de horno

 
La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
Duros suspiros rotos, quimeras lastimadas.
Lentamente va viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita
de aguardiente de caña;
tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
y tu boca, sustancia
comestible y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando –no sé, me lo imagino-, gimiendo
-no sé, me lo figuro-, quemándose- no sé, supongo, creo;
tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
Un río de promesas
desciende de tu pelo,
se demora en tus senos,
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
viola tu carne firme de nocturno secreto.
Carbón ardiente y piedra de horno
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.

Texto:  "Piedra de horno" de Nicolás Guillén.

sábado, 20 de noviembre de 2010

A quien vela todo se revela

Bello es dormir al lado de una mujer hermosa,
después de haberla conocido
hasta la saciedad. Bello es correr desnudo
tras ella, por el césped
de los sueños eróticos.
Pero es mejor velar, no sucumbir
a la hipnosis, gustar la lucha de las fieras
detrás de la maleza, con la oreja pegada
a la espalda olorosa,
la mano como víbora en los pechos
de la durmiente, oírla
respirar, olvidada de su cuerpo desnudo.
Después, llamar a su alma
y arrancarla un segundo de su rostro,
y tener la visión de lo que ha sido
mucho antes de dormir junto a mi sangre,
cuando erraba en el éter,
como un día de lluvia.
Y, aún más, decirle: "Ven,
sal de tu cuerpo. Vámonos de fuga.
Te llevaré en mis hombros, si me dices
que, después de gozarte y conocerte,
todavía eres tú, o eres la nada".
Bello es oír su voz: -"'Soy una parte
de ti, pero no soy
sino la emanación de tu locura,
la estrella del placer, nada más que el fulgor
de tu cuerpo en el mundo".
Todo es cosa de hundirse,
de caer hacia el fondo, como un árbol
parado en sus raíces, que cae, y nunca cesa
de caer hacia el fondo.


Texto: "A quien vela todo se revela" de Gonzalo Rojas

lunes, 15 de noviembre de 2010

Fiesta de mujeres



CINTA ABISMAL


Es tu lengua
acierto de vigilia
dejándose llevar
por el lascivo
inquieto
travieso
viento moreno
de mis muslos
Hebra de agua tibia
descubriendo
mis pechos despiertos
piruetea con la gana
que el espejo refleja
en una marejada
de pulsos agitados 


Lápiz de filo diligente
perfilando mi abertura
que se explaya
enardece
y grita
soltando su vena
salpicando los sentidos
Voluntad de labios
sometiendo
labios a su voluntad
Anzuelo que pesca
sujeta
y
vuela
con mi carne
al punto preciso
donde el resuello
dice
que termina
y
la quietud
clama
por nacer.

Texto: "Cinta abismal" de Dina Posada.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El amor deja huellas


Un día me pidió que la matara
y yo me lo pensé.
Al señor magistrado le podrás decir
que era el primer orgasmo de mi vida
y que esa emoción violenta me mató,
a mí no me lo digas, llévame una flor.
A mí, dame la opulencia de tus manos
pegándome,
abriendo surcos de amor sobre mi piel,
tu distancia viéndome gozar, eso quiero,
las blasfemias al oído para poder llegar:
Puta... Puta... Puta... hoy no te pegaré
y, ahí, comenzaba el gran concierto.
Los ayes de la bestia se tragaban el alma
la moral quedaba arrinconada en la ventana
y la carne en su ética, más allá de mi goce,
imponía la maravilla del dolor, su algarabía.
Un día me pidió que la matara
y yo me lo pensé.
A tus amigos puedes decirles
que no te amaba tanto.
Que me fui con un hombre
que permite el silencio.
Todos los amigos entenderán,
me fui con un hombre,
que amaba con frenesí,
todos mis defectos.
Nadie preguntará por la que sólo goza
cuando sobre su piel el amor deja huellas,
marcas que atestigüen que estuvimos, ahí,
amándonos.


Texto: "Ella quería eso, y yo le daba eso. Ni semen, ni sonrisas, latigazos" (fragmento) de Miguel Oscar Menassa.
Imágenes: Alexandre Dupouy

viernes, 5 de noviembre de 2010

El sombrero

Oigo las llaves en la puerta. Sé que eres tú. Te estaba esperando. Rápidamente tiro un poco de las medias hacia arriba; me pellizco los pezones para que tú los veas duros, como te gusta; me bajo un poco el sombrero, hasta dejar los ojos entre sombras. Doblo un poco las rodillas e inclino hacia atrás la espalda hasta apoyarme en los codos.
Tú no me esperas. No sabes la sorpresa que te aguarda. Sin embargo algo flotando en el aire hace que te acuerdes de mí, y que una loca esperanza anide en tu corazón al entrar en casa. Hueles mi perfume, ruegas para que no sea una mala pasada de tu deseo. Pero el perfume sigue ahí, no es algo efímero, no es una leve sensación evocada por la memoria. Te acercas lentamente por el pasillo, siguiendo el rastro de tu presa.
Llegas a la habitación, y te quedas apoyado en el marco de la puerta, mirándome sorprendido, aliviado, y a la vez excitado. No me dices nada, pero te gusta lo que ves. Lo noto en el fuego de tu mirada, que me quema siguiendo cada parte de mi cuerpo. Te quitas la camisa y te quedas con el torso desnudo, te sientas en la cama, a mi lado. Me acaricias la mejilla suavemente. Luego sigues la linea de mis labios pintados de rojo sangre, con tu pulgar. Aprietas hasta introducir tu dedo en mi boca. Sé lo que quieres y lo hago. Te lo chupo como si fuera tu polla. El bulto entre tus piernas crece por momentos. Al cabo de un rato, tu mano prescinde de mi boca. Bajas acariciándome muy lentamente el cuello y el escote, cobijas en tu palma uno de mis pechos, juegas con mis pezones, los pellizcas, los estiras, los retuerces sintiendo crecer mis jadeos. Tu otra mano ha ocupado el lugar de esta mano juguetona en mi boca, de nuevo. Sigue tu viaje de exploración hacia el sur, acaricias circularmente mi barriguita. El maravilloso calor de tus manos se extiende en oleadas por todo mi cuerpo. Yo sigo chupando con ansia tus dedos, imaginándome que es esa polla incontenible que está a punto de reventar tu pantalón. Te deseo. Estoy caliente como el mismo infierno. Creo que voy a morirme cuando tu mano emprende aún más lenta si cabe, el camino hacia el abismo, la sima paradisíaca y a la vez pavorosa que siempre ansías explorar en profundidad. Cruzas la pequeña colina pilosa que separa mi placer maravilloso, de mi placer enloquecedor. Lo haces tan lentamente que me parece que nunca vas a llegar ni siquiera a rozar mi coño.
Y entonces lo haces. Me palpas con tu mano ardiente todo el sexo, introduciendo dos dedos en mi interior sin ninguna dificultad, y una lengua de fuego invade todo mi cuerpo. Gimo mirándote a los ojos, sabiendo que tu deseo es igual de fuerte que el mío. Mojas tu mano en mis abundantes jugos. Luego te levantas y liberas por fin tu polla del pantalón y los calzoncillos con un respingo.
Se alza orgullosa frente a mí, segura de su poder, extendiendo por la habitación tu olor a macho. Mi deseo se vuelve tortura, lames mis jugos de tu mano, mientras el fuego de tu mirada se clava en mis ojos de nuevo. Sé que ya no puedes más.
Te situas entre mis piernas y me lames los muslos, bajando cada vez más hacia la caverna primigenia, por fin siento tu aliento ahí. No puedo soportarlo más y cogiéndote por la cabeza incrusto tu cara en mi coño. Esa es la señal. Toda la calma de antes se ha vuelto tormenta incesante ahora. Lames, chupas, me saboreas como enloquecido. Y en un instante haces que me corra entre gritos y espasmos. Cuando logro calmarme, me incorporo y lamo mis jugos de tu cara. Tu precioso capullo me señala amenazador, brillante y violáceo. Tu polla, enorme como nunca, casi parece palpitar.
Me obligas a ponerme el sombrero otra vez. Lo había perdido al correrme. Luego me pides que me ponga a cuatro patas. Juegas con la parte baja de mi espalda. Me lames, soplas, la piel se me eriza. De vez en cuando un leve dedo roza suavemente mi sexo. Después decides concentrarte en mis carnosos gluteos, la manzana del Edén, como tú los llamas. Los aprietas, los lames, los muerdes. Tu mano se apodera de nuevo de mi coño. Arrancas de mí, jadeos y gemidos. El placer es tan insoportable que no puedo evitar exclamar casi con furia:
-¡Fóllame ya de una vez, cabrón!, ¡¡esto es inaguantable!!
-¿Quieres que te folle?... no, hoy me vas a follar tú a mí.
Y sigues jugando con mi culo, con tu aparente calma, mientras tu mano me da placer. Finalmente abres mis nalgas y tu lengua comienza a acariciar mi ano, primero en caricias leves, luego en caricias circulares que me vuelven loca, sin dejar de tocarme el clítoris. Cada vez tus caricias son más duras, más posesivas, y cada vez mi deseo mayor. Siento ligeros espasmos que recorren todo mi cuerpo, cada vez más frecuentes. Entonces cambias de técnica. Abres el cajón de la mesilla de noche, cojes un bote de lubricante y me untas el agujero del culo. Sigues acariciando con los dedos, me metes uno dentro, acariciando circularmente. Poco a poco me metes dos dedos. Sé lo que me espera, y en ese momento ya no deseo nada más. Estoy loca por correrme con tu polla clavada en el culo. Sin embargo, eso no me cuadra con lo que me has dicho antes. No importa, estoy tan caliente que no puedo pensar. Sólo siento. Soy un trozo de carne viva a punto de estallar de placer. Pero eres cruel. Justo antes de la convulsión que habría de conducirme al orgasmo, te paras y te tiendes a mi lado. Entonces, ¿eso significa que no vas a follarme el culo?
Te miro perpleja, sin saber muy bien qué quieres que haga. En cambio, tu polla sé bien lo que desea. No ha perdido ni un ápice de su excitación. Señala tan erecta el techo, que es difícil ignorarla.
Me siento encima de ti, y procedo a introducirla en mi coño, deseosa de apretarla entre mis paredes vaginales.
-No- me dices autoritariamente-. Quiero que me folles con mi polla clavada en tu culo, puta-. Susurras mientras embadurnas tu polla con más lubricante.
Un nuevo espasmo provocado por tus palabras recorre mi cuerpo. Nunca lo habíamos hecho así, pero tú lo deseas, y tu deseo es mi placer. Me clavo tu polla en el ano y empiezo a bajar muy despacio. A veces paro y espero unos instantes para acostumbrarme a tu volumen. Tu verga es muy gorda, y a veces aún me duele. Poco a poco, entre jadeos y leves gemidos, tu sexo entra todo en mi interior. Me siento bien ensartada, llena a más no poder. Me encanta. Mi coño no ha parado de humedecerse en todo el proceso. Me miras lujuriosamente. Sabes que soy tuya, que no puedo negarte nada.
-Estás preciosa con este sombrero... y ahora cabálgame, mi amor... vayamos juntos hacia el paraíso... - me dices con la voz entrecortada por la excitación, sintiendo el calor intenso de mis entrañas.
Me muevo encima de ti, primero despacio, gozando de las caricias de tus manos en mis tetas, en mis muslos, en mis caderas, finalmente me penetras en el coño con dos dedos, y yo te cabalgo cada vez más rápido, gritando ya más que gimiendo, oyendo tus palabras obscenas, sabiendo que el camino pronto terminará entre fuertes convulsiones de placer, que tú llenarás mi culo de leche y que yo me desintegraré una vez más en el infinito.

Texto: "El sombrero" de Assumpta Solsona Cabiscol (2007)

sábado, 30 de octubre de 2010

El miedo


En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labios muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.

Texto: "El miedo" de Alejandra Pizarnik

lunes, 25 de octubre de 2010

Pecados capitales: Lujuria



De lujuria, no digamos,
que es cosa que ha de callarse,
que pregunten a la alcoba,
y a las sábanas de enlace
y a las veinte perinolas
que estaban almidonándose;
que ellas dirán lo que fui: 
toro, palomo y arcángel
entre edredones de plumas
vencido y de abochornarse.

Texto: "Los siete pecados capitales" (fragmento) de José Antonio Ochaíta

miércoles, 20 de octubre de 2010

Descalza



Amarme sin zapatos

significa amar mis piernas largas y bronceadas,
queridas mías, buenas como cucharas;
y mis pies, estos dos chicos
que se escaparon a jugar desnudos. Intrincados nudos,
mis dedos. Libres ya de sujeción.
Y todavía más, miren las uñas y
cada una de las diez etapas, tubérculo a tubérculo.
Vehementes y alocados, todos ellos, este cerdito
fue al mercado y este otro se
quedó. Largas piernas bronceadas, y largos y bronceados dedos.
Más arriba, cariño, la mujer
confiesa sus secretos, pequeñas casas
y pequeñas lenguas que te lo cuentan todo.


No hay nadie más que tú y yo
en esta casa en la península.
El mar lleva un cencerro en el ombligo
y yo soy tu sirvienta descalza
por una semana entera. ¿Quieres un poco de salame?
No. ¿Quieres a lo mejor un whisky?
Tampoco. No eres de tomar. Tú
me tomas a mí. Las gaviotas persiguen a los peces
gritando como chicos de tres años.
Las olas son narcóticas, me llaman
Yo soy, yo soy, yo soy
toda la noche. Descalza
te camino por la espalda.
En la mañana corro por la cabaña,
de una puerta a otra, jugando a perseguirnos.
Ahora me coges por los tobillos.
Ahora vas trepando por mis piernas
hasta que cruzas la marca de mi anhelo.


 Texto: "Descalza" de Anne Sexton

viernes, 15 de octubre de 2010

Las hermanas


En cuanto mi hermana y yo salimos de
la casa materna, lo único que quisimos
fue follar, borrar cualquier huella de
su cuerpo de gorrioncillo y de sus delgadas
piernas de saltamontes. ¡Los cuerpos de los hombres
eran como el de nuestro padre! Macizos
los corvejones, los ijares y los muslos, elegantes
las rodillas, las pantorrillas ahusadas-
podíamos tenerlo a él en ese momento, las nalgas abultadas
y prohibidas, las corvas, la polla
en nuestra boca, ah la polla en nuestra boca.

Como exploradoras que
descubren una ciudad perdida, nos volvimos
locas de alegría, desvestíamos a los hombres
despacio y con cuidado, como si
dejáramos al descubierto enterrados artefactos que
probarían nuestra teoría de la cultura perdida:
pues si Madre decía que una cosa no estaba ahí,
es que ahí estaba.


Texto: "Las hermanas del tesoro sexual" de Sharon Olds

domingo, 10 de octubre de 2010

Cíñete a mí


Cíñete a mí, noche del seno desnudo; cíñete a mí,
noche ardiente y nutricia!
Noche de vientos del Sur, noche de grandes y pocos luceros,
tú, que en la paz cabeceas, loca, desnuda noche de estío.
Voluptuosa sonríe, ¡oh, tierra de fresco aliento !
Tierra de árboles adormilados y líquidos,
tierra ya sin luz del ocaso, tierra de montes con cumbre de niebla,
tierra donde derrama cristales el plenilunio azulado,
tierra con manchas de luz y de sombra en las aguas del río,
tierra de límpido gris y de nubes que para mí son
más vivas y claras,
tierra de abrazo anchuroso, tierra ataviada con flor de manzano
sonríe ya, que tu amante se acerca.


Texto: "Ciñete a mí" de  Walt Whitman

martes, 5 de octubre de 2010

Amor de frutas


Déjame que esparza
manzanas en tu sexo
néctares de mango
carne de fresas;

Tu cuerpo son todas las frutas.

Te abrazo y corren las mandarinas;
te beso y todas las uvas sueltan
el vino oculto de su corazón
sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos
el zumo dulce de las naranjas
y en tus piernas el promegranate
esconde sus semillas incitantes.

Déjame que coseche los frutos de agua
que sudan en tus poros:

Mi hombre de limones y duraznos,
dame a beber fuentes de melocotones y bananos
racimos de cerezas.

Tu cuerpo es el paraíso perdido
del que nunca jamás ningún Dios
podría expulsarme.



Texto: Gioconda Belli

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mujer al sol


Una mujer al sol es todo mi deseo,
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz
y la flor de los labios abierta para el beso
y en la piel refulgente el polen de la luz.

Una hermosa mujer, los senos en reposo
y caliente de sol, nada más se precisa.
El vientre terso, el pelo húmedo y una sonrisa
en la flor de los labios, abierta para el gozo.

Una mujer al sol sobre quien yo me arroje
y a quien beba y me muerda y con quien me lamente,
y que al someterse se enfurezca y solloce,

e intente rechazarme, y que al sentirme ausente
me busque nuevamente y se quede a dormir
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir.




Texto: "Mujer al sol" de Vinicius de Moraes

sábado, 25 de septiembre de 2010

Carta a Nora


¡Noretta mía! Esta tarde recibí la conmovedora carta en la que me cuentas que andabas sin ropa interior. El día veinticinco no conseguí las doscientas coronas, sino sólo cincuenta, y otras cincuenta el día primero. Esto es todo en lo que al dinero se refiere. Te envío un pequeño billete de banco y espero que al menos puedas comprarte un lindo par de bragas, y te mandaré más cuando me paguen de nuevo. Me gustaría que usaras bragas con tres o cuatro adornos, uno sobre el otro, desde las rodillas hasta los muslos, con grandes lazos escarlata, es decir, no bragas de colegiala con un pobre ribete de lazo angosto, apretado alrededor de las piernas y tan delgado que se ve la piel entre ellos, sino bragas de mujer (o, si prefieres la palabra) de señora, con los bajos completamente sueltos y perneras anchas, llenos lazos y cintas, y con abundante perfume de modo que las enseñes, ya sea cuando alces la ropa rápidamente o cuando te abrace bellamente, lista para ser amada, pueda ver solamente la ondulación de una masa de telas y así cuando me recueste encima de ti para abrirlos y darte un beso ardiente de deseo en tu indecente trasero desnudo, pueda oler el perfume de tus bragas tanto como el caliente olor de tu sexo y el pesado aroma de tu trasero.

Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo. Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida, en algunos momentos. Te sueño a veces en posiciones obscenas. Imagino cosas muy sucias, que no escribiré hasta que vea qué es lo que tú me escribes. Los más insignificantes detalles me producen una gran erección. Un movimiento lascivo de tu boca, una manchita color castaño en la parte de atrás de tus bragas, una palabra obscena pronunciada en un murmullo de tus labios húmedos, un ruido sin recato, repentino, de tu trasero y entonces asciende un feo olor por tus espaldas. En algunos momentos me siento loco, con ganas de hacerlo de alguna forma sucia, sentir tus lujuriosos labios ardientes, chupándome, follar entre tus dos senos coronados de rosa, en tu cara y derramarme en tus mejillas ardientes y en tus ojos, conseguir la erección frotándome contra tus nalgas y poseerte sodomíticamente.

¡Basta per stasera!

Espero que te haya llegado mi telegrama y lo hayas comprendido.

Adiós, querida mía a quien trato de degradar y pervertir.

¿Cómo sobre esta tierra de Dios es posible que ames una cosa como yo?

¡Oh, estoy tan ansioso de recibir tu respuesta, querida!


Imagen: Bob Carlos Clarke
Texto: James Joyce

lunes, 20 de septiembre de 2010

Modelo artístico


Se desvestía con sorprendente premeditación, como si se tratara de una tarea especial, un ritual. En un momento dado, me miró a los ojos y sonrió, mostrando sus dientes finos y regulares. Su cutis era tan delicado que recibió la luz que penetraba por el gran ventanal y la retuvo como si fuera un tejido de raso.

En ese momento, el carboncillo cobró vida en mi mano, y pensé que sería un placer dibujar a aquel joven, casi tanto como acariciarlo.

Se había quitado la chaqueta, la camisa, los zapatos y los calcetines; le quedaban sólo los pantalones. Se los sostenía como si estuviera haciendo strip-tease, mirándome todavía. Yo no lograba interpretar el fulgor de placer que animaba su cara.

Entonces se inclinó se desabrochó el cinturón, y los pantalones se le deslizaron. Permaneció completamente desnudo ante mí y en el más obvio estado de excitación sexual. Cuando me hube percatado de ello hubo un momento de suspense. Si protestaba, perdería mis honorarios, que tanto precisaba.

Traté de leer en sus ojos. Parecía decir: "No te enfades. Perdóname."

Texto: "Marianne" (fragmento) de Anaïs Nin

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Tus pies





Cuando no puedo mirar tu cara
miro tus pies.

Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.

Yo sé que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.

Tu cintura y tus pechos,
la duplicada púrpura de tus pezones,
la caja de tus ojos que recién han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mía.

Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.


Texto: "Tus pies" de Pablo Neruda





viernes, 10 de septiembre de 2010

Carta a una colegiala

Para leer esta carta baja hasta nuestro río.
Escucharás, de pronto, una cosecha de aire
pasar sollozando en la corriente.
Escucharás la desnudez unánime
del agua y el sonido.
Y el rumor del minuto más antiguo
formado con el átomo de un día.
Mas, de repente, escucharás, oh bella música femenina,
la catarata inmóvil del silencio.

Entonces, te hablaré desde las letras:
Era enero. Salimos del colegio.

Veo tu blusa de naranja ilesa.
Tus principiantes senos de azucena,
y siento que me duele la memoria.

Bella aprendiz de cartas y de melancolía,
con los ojos cerrados y las bocas unidas,
tomamos esa tarde una lección de idiomas
sobre el musgo que hablaba de la cartografía.

¿Cómo has pasado estas vacaciones?
¿Sientes alguna vez entre los labios
ese azúcar azul de la distancia?

Mañana son dos años, siete meses.
Te conocí con toda mi alma ausente;
sufría entonces, por la primavera,
un bellísimo mal que ya no tengo.

Recuerdo: producías con los labios
un delgado chasquido de violeta.
Pienso en la estatua de aire de tu olvido
mirándome de todas las esquinas,
mi colegiala mía, música femenina.

Tú, en el divino campo.
Yo, en la ciudad terrestre.
La calle pasa con su algarabía.
Un fraile. Unas mujeres de la vida…
Un niño con un cesto de hortalizas…
Un carro lento dividido en siglos…

Mañana entramos ya en el mes de junio.
Flotarán en su cielo de anchos aires
objetos de uso azul como las aguas;
y una lejana inquietud de rosas
habrá en el
horizonte de la tarde.
En este claro mes de agua plateada
te conocí. Entonces yo sufría
una
enfermedad de primavera,
un bellísimo mal que ya no tengo …

Texto: "Carta a una colegiala" de César Dávila Andrade


NOTA: Que conste que no pretendo hacer apología de la pederastia o pedofilia. Simplemente el poema me parece muy hermoso, y las fotos más bien me remiten a esa vieja fantasía de algunos hombres, a los que gustaría ver a sus amantes disfrazadas de colegialas. Quede claro MI RECHAZO ABSOLUTO A LA PEDERASTIA O PEDOFILIA.

domingo, 5 de septiembre de 2010

lunes, 30 de agosto de 2010

Pecados capitales: Envidia


Y envidia...
que fui envidioso de tu vida,
de tu antes,
de cuando no estaba yo
pegado a tus palpitares,
y a quien me cogió
la delantera en tu sangre,
le deseo sinapismos
de lumbre en los riñonales,
y si sus señas supiera...
provincia, ciudad y calle,
por la envidia que le tengo,
prendería su linaje
con tanta pólvora negra
que ni rastro le quedase.

Texto: "Los siete pecados capitales" (fragmento) de José Antonio Ochaíta

miércoles, 25 de agosto de 2010

Terciopelo ardiente


Todo ha de ser así.

Entregados.

Abierta una senda

luminosa en cada uno.

Con las mentiras arrancadas.

Con los rostros de los viejos amores

ardiendo.

Con la pureza del olvido en la frente.

Dos cuerpos que se miran

en la plaza de su corazón

y se ven hermosos para el otro.

Sin ambages.

Con la seda del tiempo

tejiéndonos un lecho…

Y entra ciega mi lengua

como una mano apresurada

por el umbral de tus dientes.

Entrelazándose a la tuya

en un naufragio en el mar

dulce de dos salivas.

Y tu boca unida a la mía

moviéndose al compás

de mis palabras.

Bajo mi peso…

la frescura de tu piel

de terciopelo ardiente;

con mis manos y las tuyas

rastreando la madriguera

oculta de la carne.

Y tiento en tu pliegue,

en la boca de pez parada

sobre la sábana,

que me ancla.

Y así nos quedamos,

unidos, enlazados,

hasta hacernos de cera

caliente.




Texto: "Terciopelo ardiente" de Rubén Lapuente.

viernes, 20 de agosto de 2010

La reina y su trono


Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.

Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.

Sólo tú y Yo,
sólo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.



Texto: "La reina" de Pablo Neruda

domingo, 15 de agosto de 2010

Cosas para hacer en verano

Tomar el sol


Ir de viaje

Descansar



Contemplar atardeceres


Jugar


martes, 10 de agosto de 2010

Abre las piernas, amor mío


Abre las piernas, amor mío.

Tu voz rozando mi cuello, mis pezones,

mi bajo vientre acongojado por el amor,

se cuela entre los pliegues de mi sexo,

húmedo y estremecido sexo del encuentro.

Abre las piernas, amor mío,

abre esas piernas, hembra mansa,

da un paso más, olvídate de ti.

El viento se detiene en el vértigo,

arranca mi piel en destellos de luz.

Cuando regreso, despeinada y maltrecha,

me sonríes desde la blancura de una página.

Abre las piernas, amor mío,

abre las piernas como para volar,

abre las piernas, amor mío,

demos un paso más…


Texto: "Abre las piernas, amor mío" de Miguel Oscar Menassa