Esto es para mayores de 18 años. Si no los tienes, no deberías mirar a través de la cerradura.
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sábado, 25 de septiembre de 2010

Carta a Nora


¡Noretta mía! Esta tarde recibí la conmovedora carta en la que me cuentas que andabas sin ropa interior. El día veinticinco no conseguí las doscientas coronas, sino sólo cincuenta, y otras cincuenta el día primero. Esto es todo en lo que al dinero se refiere. Te envío un pequeño billete de banco y espero que al menos puedas comprarte un lindo par de bragas, y te mandaré más cuando me paguen de nuevo. Me gustaría que usaras bragas con tres o cuatro adornos, uno sobre el otro, desde las rodillas hasta los muslos, con grandes lazos escarlata, es decir, no bragas de colegiala con un pobre ribete de lazo angosto, apretado alrededor de las piernas y tan delgado que se ve la piel entre ellos, sino bragas de mujer (o, si prefieres la palabra) de señora, con los bajos completamente sueltos y perneras anchas, llenos lazos y cintas, y con abundante perfume de modo que las enseñes, ya sea cuando alces la ropa rápidamente o cuando te abrace bellamente, lista para ser amada, pueda ver solamente la ondulación de una masa de telas y así cuando me recueste encima de ti para abrirlos y darte un beso ardiente de deseo en tu indecente trasero desnudo, pueda oler el perfume de tus bragas tanto como el caliente olor de tu sexo y el pesado aroma de tu trasero.

Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo. Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida, en algunos momentos. Te sueño a veces en posiciones obscenas. Imagino cosas muy sucias, que no escribiré hasta que vea qué es lo que tú me escribes. Los más insignificantes detalles me producen una gran erección. Un movimiento lascivo de tu boca, una manchita color castaño en la parte de atrás de tus bragas, una palabra obscena pronunciada en un murmullo de tus labios húmedos, un ruido sin recato, repentino, de tu trasero y entonces asciende un feo olor por tus espaldas. En algunos momentos me siento loco, con ganas de hacerlo de alguna forma sucia, sentir tus lujuriosos labios ardientes, chupándome, follar entre tus dos senos coronados de rosa, en tu cara y derramarme en tus mejillas ardientes y en tus ojos, conseguir la erección frotándome contra tus nalgas y poseerte sodomíticamente.

¡Basta per stasera!

Espero que te haya llegado mi telegrama y lo hayas comprendido.

Adiós, querida mía a quien trato de degradar y pervertir.

¿Cómo sobre esta tierra de Dios es posible que ames una cosa como yo?

¡Oh, estoy tan ansioso de recibir tu respuesta, querida!


Imagen: Bob Carlos Clarke
Texto: James Joyce

13 comentarios:

Temujin dijo...

¿James Joyce? ¿el de Ulisses?

Temujin dijo...

Por cierto, la imagen es muy sugerente

karlita dijo...

Hola, me gustaría contactar contigo de una manera más privada, pero no he encontrado tu correo por ningún lado.

Me llamo Karlita, tengo 27 años, y me encanta lo que escribes y lo que me despiertas.

Te dejo mi mail:

karlitasanchez232@hotmail.com

Un abrazo.

Lluís Bosch dijo...

Las cartas de Joyce a su mujer durante el su estancia en el extranjero son uno de los textos eróticos más potentes que he leído, porqué además cuentan cosas reales. Hay que ver lo que despierta la distancia.

(Una sugerencia: entiendo a Karlita, pero es un poco peligroso dejar la dirección de mail de una forma tan pública).

V dijo...

Si es que la comunicación es la base del entendimiento, está visto :D

Mmm... me pregunto qué le contestaría Nora :o! Probablemente llegase a un punto -problablemente a varios- más allá que la mayoría de las mujeres de hoy día.

O lo mismo le mandó a pastar, quien sabe :o

Besets!

enrique dijo...

Es una lástima que la literatura epistolar esté en franca decadencia.
Al menos nos quedan ejemplos como el de Joyce, que mandaba detalladas, fetichistas y pervertidas cartas a su esposa.

La imagen, gloriosa.

panterablanca dijo...

TEMUJIN: El mismo. El texto es de un gran autor, pero la imagen también es de un gran fotógrafo.

KARLITA: Gracias, tus palabras son muy amables, aunque no sé si merecidas, porque como ya habrás observado, en realidad de los textos de este blog, casi ninguno es mío. Siempre pongo el nombre del autor al final, enlazando hacia páginas que pueden dar información sobre el mismo.
Me permito sugerirte que en otra ocasión dejes tu dirección en algún post más antiguo. El dueño del blog no siempre se entera, pero normalmente sí, y es más discreto :-)))
Gracias por tu visita, estás en tu casa.

LLUÍS: La distancia y la líbido de Joyce, que no todo el mundo escribiría lo mismo (y desde luego, no de la misma manera), por mucha distancia que hubiera :-DD Vi en alguna página que se criticaban estas cartas por su alto contenido erótico, casi pornográfico, sin embargo a mí me parecen maravillosas. Se nota en ellas una gran excitación sexual, pero no sólo eso, también queda patente una gran ternura y sobre todo, una gran entrega. Me encantan y me conmueven.

V: Anda, tú por aquí! Y no lo digo porque piense que no debieras estar aquí, jajajajajaja!!, sino porque no me tienes acostumbrada, querida. Celebro tu mirada a través de la cerradura :-))
A mí me parece que sexualmente, James Joyce y Nora eran tal para cual. Estaban casados, y tuvieron altibajos, como todas las parejas, pero sexualmente siempre se entendieron bien, según parece.

ENRIQUE: Sí que es una pena, sí. La gente no sabe escribir cartas hoy en día, y no me refiero a las cartas de papel, sino incluso a los correos electrónicos. Menos mal, que como en todo, también hay excepciones. No sé, supongo que es el signo de los tiempos, la falta de tiempo, valga la redundancia.
Joyce le escribía a Nora detalladas, fetichistas y pervertidas cartas, y yo añadiría, bellas y entregadas.

Besos pervertidos para todos ;-P

Dr.Mikel dijo...

Joder, menos mal que ya se ha inventado el correo electronico, porque si se lo mandas por telegrama colapsas al servicio de correos.

panterablanca dijo...

Creo que en la oficina receptora del telegrama no entenderían nada, debido al nerviosismo y excitación del operario que lo habría transmitido, que habría hecho que se equivocara todo el rato, jajajajaja!!! Además, un telégrama así de largo saldría un poco caro, ¿no? :-))
Besos ardientes.

Entre pieles dijo...

Uf. Uno de mis tres escritores favoritos... casi mejor me callo.

panterablanca dijo...

Ah, sí?, ¿y cuáles son los otros dos, si puede saberse? :-)
Por cierto, que me alegro de tu regreso, que te echaba de menos por aquí :-D
Besos cálidos para estas noches frescas de otoño.

Entre pieles dijo...

Verá usted, señorita: mi número uno es, sin dudarlo, don Vladimir Nabokov. El segundo es don Jaime, al que usted ha citado aquí. Y el tercero va a días: si me levanto cabreado, Henry Miller; si me levanto suave, Cortázar.
En fin, que soy un tío muy raro.

panterablanca dijo...

Gracias por satisfacerme la curiosidad, caballero :-)
No sé porqué dices que eres un tío muy raro. Entonces yo debo ser un setenta y cinco por ciento de rara :-DDD (es que Navokov no me gusta mucho, aunque reconozco que lo he leído poco).
Besos novelescos.