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sábado, 30 de octubre de 2010

El miedo


En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labios muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.

Texto: "El miedo" de Alejandra Pizarnik

lunes, 25 de octubre de 2010

Pecados capitales: Lujuria



De lujuria, no digamos,
que es cosa que ha de callarse,
que pregunten a la alcoba,
y a las sábanas de enlace
y a las veinte perinolas
que estaban almidonándose;
que ellas dirán lo que fui: 
toro, palomo y arcángel
entre edredones de plumas
vencido y de abochornarse.

Texto: "Los siete pecados capitales" (fragmento) de José Antonio Ochaíta

miércoles, 20 de octubre de 2010

Descalza



Amarme sin zapatos

significa amar mis piernas largas y bronceadas,
queridas mías, buenas como cucharas;
y mis pies, estos dos chicos
que se escaparon a jugar desnudos. Intrincados nudos,
mis dedos. Libres ya de sujeción.
Y todavía más, miren las uñas y
cada una de las diez etapas, tubérculo a tubérculo.
Vehementes y alocados, todos ellos, este cerdito
fue al mercado y este otro se
quedó. Largas piernas bronceadas, y largos y bronceados dedos.
Más arriba, cariño, la mujer
confiesa sus secretos, pequeñas casas
y pequeñas lenguas que te lo cuentan todo.


No hay nadie más que tú y yo
en esta casa en la península.
El mar lleva un cencerro en el ombligo
y yo soy tu sirvienta descalza
por una semana entera. ¿Quieres un poco de salame?
No. ¿Quieres a lo mejor un whisky?
Tampoco. No eres de tomar. Tú
me tomas a mí. Las gaviotas persiguen a los peces
gritando como chicos de tres años.
Las olas son narcóticas, me llaman
Yo soy, yo soy, yo soy
toda la noche. Descalza
te camino por la espalda.
En la mañana corro por la cabaña,
de una puerta a otra, jugando a perseguirnos.
Ahora me coges por los tobillos.
Ahora vas trepando por mis piernas
hasta que cruzas la marca de mi anhelo.


 Texto: "Descalza" de Anne Sexton

viernes, 15 de octubre de 2010

Las hermanas


En cuanto mi hermana y yo salimos de
la casa materna, lo único que quisimos
fue follar, borrar cualquier huella de
su cuerpo de gorrioncillo y de sus delgadas
piernas de saltamontes. ¡Los cuerpos de los hombres
eran como el de nuestro padre! Macizos
los corvejones, los ijares y los muslos, elegantes
las rodillas, las pantorrillas ahusadas-
podíamos tenerlo a él en ese momento, las nalgas abultadas
y prohibidas, las corvas, la polla
en nuestra boca, ah la polla en nuestra boca.

Como exploradoras que
descubren una ciudad perdida, nos volvimos
locas de alegría, desvestíamos a los hombres
despacio y con cuidado, como si
dejáramos al descubierto enterrados artefactos que
probarían nuestra teoría de la cultura perdida:
pues si Madre decía que una cosa no estaba ahí,
es que ahí estaba.


Texto: "Las hermanas del tesoro sexual" de Sharon Olds

domingo, 10 de octubre de 2010

Cíñete a mí


Cíñete a mí, noche del seno desnudo; cíñete a mí,
noche ardiente y nutricia!
Noche de vientos del Sur, noche de grandes y pocos luceros,
tú, que en la paz cabeceas, loca, desnuda noche de estío.
Voluptuosa sonríe, ¡oh, tierra de fresco aliento !
Tierra de árboles adormilados y líquidos,
tierra ya sin luz del ocaso, tierra de montes con cumbre de niebla,
tierra donde derrama cristales el plenilunio azulado,
tierra con manchas de luz y de sombra en las aguas del río,
tierra de límpido gris y de nubes que para mí son
más vivas y claras,
tierra de abrazo anchuroso, tierra ataviada con flor de manzano
sonríe ya, que tu amante se acerca.


Texto: "Ciñete a mí" de  Walt Whitman

martes, 5 de octubre de 2010

Amor de frutas


Déjame que esparza
manzanas en tu sexo
néctares de mango
carne de fresas;

Tu cuerpo son todas las frutas.

Te abrazo y corren las mandarinas;
te beso y todas las uvas sueltan
el vino oculto de su corazón
sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos
el zumo dulce de las naranjas
y en tus piernas el promegranate
esconde sus semillas incitantes.

Déjame que coseche los frutos de agua
que sudan en tus poros:

Mi hombre de limones y duraznos,
dame a beber fuentes de melocotones y bananos
racimos de cerezas.

Tu cuerpo es el paraíso perdido
del que nunca jamás ningún Dios
podría expulsarme.



Texto: Gioconda Belli