Esto es para mayores de 18 años. Si no los tienes, no deberías mirar a través de la cerradura.
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viernes, 5 de noviembre de 2010

El sombrero

Oigo las llaves en la puerta. Sé que eres tú. Te estaba esperando. Rápidamente tiro un poco de las medias hacia arriba; me pellizco los pezones para que tú los veas duros, como te gusta; me bajo un poco el sombrero, hasta dejar los ojos entre sombras. Doblo un poco las rodillas e inclino hacia atrás la espalda hasta apoyarme en los codos.
Tú no me esperas. No sabes la sorpresa que te aguarda. Sin embargo algo flotando en el aire hace que te acuerdes de mí, y que una loca esperanza anide en tu corazón al entrar en casa. Hueles mi perfume, ruegas para que no sea una mala pasada de tu deseo. Pero el perfume sigue ahí, no es algo efímero, no es una leve sensación evocada por la memoria. Te acercas lentamente por el pasillo, siguiendo el rastro de tu presa.
Llegas a la habitación, y te quedas apoyado en el marco de la puerta, mirándome sorprendido, aliviado, y a la vez excitado. No me dices nada, pero te gusta lo que ves. Lo noto en el fuego de tu mirada, que me quema siguiendo cada parte de mi cuerpo. Te quitas la camisa y te quedas con el torso desnudo, te sientas en la cama, a mi lado. Me acaricias la mejilla suavemente. Luego sigues la linea de mis labios pintados de rojo sangre, con tu pulgar. Aprietas hasta introducir tu dedo en mi boca. Sé lo que quieres y lo hago. Te lo chupo como si fuera tu polla. El bulto entre tus piernas crece por momentos. Al cabo de un rato, tu mano prescinde de mi boca. Bajas acariciándome muy lentamente el cuello y el escote, cobijas en tu palma uno de mis pechos, juegas con mis pezones, los pellizcas, los estiras, los retuerces sintiendo crecer mis jadeos. Tu otra mano ha ocupado el lugar de esta mano juguetona en mi boca, de nuevo. Sigue tu viaje de exploración hacia el sur, acaricias circularmente mi barriguita. El maravilloso calor de tus manos se extiende en oleadas por todo mi cuerpo. Yo sigo chupando con ansia tus dedos, imaginándome que es esa polla incontenible que está a punto de reventar tu pantalón. Te deseo. Estoy caliente como el mismo infierno. Creo que voy a morirme cuando tu mano emprende aún más lenta si cabe, el camino hacia el abismo, la sima paradisíaca y a la vez pavorosa que siempre ansías explorar en profundidad. Cruzas la pequeña colina pilosa que separa mi placer maravilloso, de mi placer enloquecedor. Lo haces tan lentamente que me parece que nunca vas a llegar ni siquiera a rozar mi coño.
Y entonces lo haces. Me palpas con tu mano ardiente todo el sexo, introduciendo dos dedos en mi interior sin ninguna dificultad, y una lengua de fuego invade todo mi cuerpo. Gimo mirándote a los ojos, sabiendo que tu deseo es igual de fuerte que el mío. Mojas tu mano en mis abundantes jugos. Luego te levantas y liberas por fin tu polla del pantalón y los calzoncillos con un respingo.
Se alza orgullosa frente a mí, segura de su poder, extendiendo por la habitación tu olor a macho. Mi deseo se vuelve tortura, lames mis jugos de tu mano, mientras el fuego de tu mirada se clava en mis ojos de nuevo. Sé que ya no puedes más.
Te situas entre mis piernas y me lames los muslos, bajando cada vez más hacia la caverna primigenia, por fin siento tu aliento ahí. No puedo soportarlo más y cogiéndote por la cabeza incrusto tu cara en mi coño. Esa es la señal. Toda la calma de antes se ha vuelto tormenta incesante ahora. Lames, chupas, me saboreas como enloquecido. Y en un instante haces que me corra entre gritos y espasmos. Cuando logro calmarme, me incorporo y lamo mis jugos de tu cara. Tu precioso capullo me señala amenazador, brillante y violáceo. Tu polla, enorme como nunca, casi parece palpitar.
Me obligas a ponerme el sombrero otra vez. Lo había perdido al correrme. Luego me pides que me ponga a cuatro patas. Juegas con la parte baja de mi espalda. Me lames, soplas, la piel se me eriza. De vez en cuando un leve dedo roza suavemente mi sexo. Después decides concentrarte en mis carnosos gluteos, la manzana del Edén, como tú los llamas. Los aprietas, los lames, los muerdes. Tu mano se apodera de nuevo de mi coño. Arrancas de mí, jadeos y gemidos. El placer es tan insoportable que no puedo evitar exclamar casi con furia:
-¡Fóllame ya de una vez, cabrón!, ¡¡esto es inaguantable!!
-¿Quieres que te folle?... no, hoy me vas a follar tú a mí.
Y sigues jugando con mi culo, con tu aparente calma, mientras tu mano me da placer. Finalmente abres mis nalgas y tu lengua comienza a acariciar mi ano, primero en caricias leves, luego en caricias circulares que me vuelven loca, sin dejar de tocarme el clítoris. Cada vez tus caricias son más duras, más posesivas, y cada vez mi deseo mayor. Siento ligeros espasmos que recorren todo mi cuerpo, cada vez más frecuentes. Entonces cambias de técnica. Abres el cajón de la mesilla de noche, cojes un bote de lubricante y me untas el agujero del culo. Sigues acariciando con los dedos, me metes uno dentro, acariciando circularmente. Poco a poco me metes dos dedos. Sé lo que me espera, y en ese momento ya no deseo nada más. Estoy loca por correrme con tu polla clavada en el culo. Sin embargo, eso no me cuadra con lo que me has dicho antes. No importa, estoy tan caliente que no puedo pensar. Sólo siento. Soy un trozo de carne viva a punto de estallar de placer. Pero eres cruel. Justo antes de la convulsión que habría de conducirme al orgasmo, te paras y te tiendes a mi lado. Entonces, ¿eso significa que no vas a follarme el culo?
Te miro perpleja, sin saber muy bien qué quieres que haga. En cambio, tu polla sé bien lo que desea. No ha perdido ni un ápice de su excitación. Señala tan erecta el techo, que es difícil ignorarla.
Me siento encima de ti, y procedo a introducirla en mi coño, deseosa de apretarla entre mis paredes vaginales.
-No- me dices autoritariamente-. Quiero que me folles con mi polla clavada en tu culo, puta-. Susurras mientras embadurnas tu polla con más lubricante.
Un nuevo espasmo provocado por tus palabras recorre mi cuerpo. Nunca lo habíamos hecho así, pero tú lo deseas, y tu deseo es mi placer. Me clavo tu polla en el ano y empiezo a bajar muy despacio. A veces paro y espero unos instantes para acostumbrarme a tu volumen. Tu verga es muy gorda, y a veces aún me duele. Poco a poco, entre jadeos y leves gemidos, tu sexo entra todo en mi interior. Me siento bien ensartada, llena a más no poder. Me encanta. Mi coño no ha parado de humedecerse en todo el proceso. Me miras lujuriosamente. Sabes que soy tuya, que no puedo negarte nada.
-Estás preciosa con este sombrero... y ahora cabálgame, mi amor... vayamos juntos hacia el paraíso... - me dices con la voz entrecortada por la excitación, sintiendo el calor intenso de mis entrañas.
Me muevo encima de ti, primero despacio, gozando de las caricias de tus manos en mis tetas, en mis muslos, en mis caderas, finalmente me penetras en el coño con dos dedos, y yo te cabalgo cada vez más rápido, gritando ya más que gimiendo, oyendo tus palabras obscenas, sabiendo que el camino pronto terminará entre fuertes convulsiones de placer, que tú llenarás mi culo de leche y que yo me desintegraré una vez más en el infinito.

Texto: "El sombrero" de Assumpta Solsona Cabiscol (2007)

17 comentarios:

Lluís Bosch dijo...

Pues me ha resultado difícil llegar al final sin perder la compostura. Supongo que tanto la autora del texto como pretendían eso. Lo habéis logrado.

enrique dijo...

Bufffffffffffffffffffffff

panterablanca dijo...

LLUÍS: No sé si alegrarme de eso, o no, jijijijijiji!!!

ENRIQUE: Cuidado no te deshinches, jajajajajaja!!!

Besos con el sombrero puesto.

GudèLu dijo...

Wawwwwww, xD ponte de nuevo el sombrero... menudo polvazo, desde el minuto 1

Anónimo dijo...

¿Y si hubieran comenzado besándose al unísono los pies el uno al otro?
En plan... esquimal

Novicia Dalila dijo...

mmmmmmmmmmmmm ¡¡¡que excitante, Pantherrrrrrrrrr¡¡¡¡

Me ha encantado la escena :D

Te dejo aquí la mejor canción para el momento :D:D:D

Un beso ardiente, Pantera

Ángel Iván dijo...

Que deliciosamente sexy y sensual lo has descrito, tengo todavía en mi retina ese sombrero (negro) y dudo que se me marche en una buena temporada, me ha encantado ese detalle.
Un cáldo beso y feliz fin de semana.

Carlos dijo...

Siempre que miro por tu cerradura, algo al mediodia de mi ombligo experimenta una grata sensación de placer y gozo.

panterablanca dijo...

GUDÈLU: Gracias, sombrero puesto ;-P

ANÓNIMO: Si hubieran empezado así seguiría siendo un buen polvo o aún mejor. No sabía yo que los esquimales se besaran los pies, también ;-)

NOVICIA: Gracias por la canción, nena. Me la guardo. Qué bien que te haya gustado tanto la escena :-D

ÁNGEL IVAN: En el sexo los detalles son importantes :-)

CARLOS: Pues me parece estupendo. ES bueno sentir placer y gozo a menudo ;-)

Besos largos, lentos y calientes para todos, y feliz semana.

Dr.Mikel dijo...

Alirindo, alirondo, alirondo, el sombrero me lo quito y me lo pongo.....

don vito dijo...

Hola Pantera, un lujo estar en tú cassa, he venido para quedarme, un placer tus letras, para acunarse en ellas...pasa buena atrde, gracias...besos.

panterablanca dijo...

DR.MIKEL: Pues chico, hoy no me pillas cantarina, no sé qué cantarte en respuesta. Bueno, más vale que no te cante nada que si no, esto parecería una comedia musical, jijijijiji!!!

DON VITO: Gracias, eres muy amable. Bienvenido, espía lo que quieras por la cerradura :-)

Besos con glamour.

Un paseante dijo...

Bueno, esto ya es más realista, más a pie de obra. Quedo a la espera de otro escrito alado.

maite mas dijo...

Panterablanca,

Tu blog me encanta porque unes imagen, lectura y música... Tan solo te faltaría perfumarlo, aunque parezca que lo huela. Muy excitante el texto elegido, el sombrero siempre tiene tanto de sensual...

panterablanca dijo...

PASEANTE: ¿No te gusta el realismo? No te preocupes, llegará pronto otro escrito alado :-)

MAITE: Gracias, guapa, todo se andará ;-)
No sé si leíste mi relato sobre la sombra atrapada en la tumba. Por si te interesa, lo puedes encontrar aquí

Besos sensuales paa los dos.

Enric Pérez dijo...

Dile a Assumpta de mi parte que es mala, muy mala. Ya no me sacaré estas imágenes de la cabeza nunca.
Si me esperaran así en casa todos los días, batiría records de velocidad por las calles ;)

panterablanca dijo...

Oíiiiiiiido cociiiiina!! Ya se lo he dicho:-) Casi mejor que no te esperen así, no sea que tuvieras un accidente, no? ;-P ;-P ;-P
Besos con sombrero y ligueros.