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domingo, 20 de febrero de 2011

Los siete pecados capitales

Igual es pediros mucha paciencia, pero me gustó tanto el poema "Los siete pecados capitales" de José Antonio Ochaíta, que no me resisto a colgarlo todo entero, aunque sea tan largo, con todas las fotos que lo ilustraron cuando lo colgué por fragmentos. Os agradezco de antemano vuestra comprensión.


LOS SIETE PECADOS CAPITALES

Lo mismo que un San Jerónimo, 
hueso pellejo y raigambre,
llorando estoy en tu puerta 
mis pecados capitales.
Los siete no... los catorce,
que a catorce cientos caben,
que cada uno de los siete
que en el catecismo se abren,
se hicieron siete y setenta,
 y setecientos azares.
sólo por ti, por el gozo 
pecador de aprisionarte.

Culpas de soberbia tuve,
y ahora gozo en confesarte;
soberbia... tuve de ti,
 si es pecado, que me manden
descalzo a Jerusalenes,
 que por mucho que me manden,
 la soberbia irá por dentro
de mis sienes clareándose.
 Que quien una vez te tuvo
en abandono de sangre,
 poco castigo es que luego 
 lo fuercen a condenarse.


Y avaricia... ¿Quién pensó
 que aquellos jardines reales...
 las magnolias en el pecho
y la saliva de dátil,
no tendrían avariento
jardinero que los guarde...?
 Si hasta para ser avaro,
 ¡Dios me sostenga el aguante!
 avaro fui de la pena
que un día me regalaste,
 y me clavé los tres clavos
desde la punta al remache.


De lujuria, no digamos,
 que es cosa que ha de callarse,
que pregunten a la alcoba,
y a las sábanas de enlace
 y a las veinte perinolas
que estaban almidonándose;
que ellas dirán lo que fui: 
 toro, palomo y arcángel
entre edredones de plumas 
vencido y de abochornarse.


Ira tuve contenida;
 ira de ti, ¡Dios me ampare!
ira de ti, de sentir...
 tu entrega sin entregarte,
 ira de saber que siendo,
 tan valiente... soy cobarde,
 y un día con Dios de espalda
y tu mentira en la tarde,
no te agarroté del cuello
y te estrangulé de balde,
y aquel pase y después gloria,
 gloria de bandillo y carne.


Hasta gula profesé,
 yo que soy sobrio de panes,
 que medio sorbo yo bebo
 de vino para hartarme.
 ¡Si aún doy bocados al aire
porque el manjar de tu cuerpo
golosamente me sabe!


Y envidia...
 que fui envidioso de tu vida,
de tu antes,
de cuando no estaba yo
pegado a tus palpitares,
y a quien me cogió
la delantera en tu sangre,
le deseo sinapismos 
de lumbre en los riñonales,
y si sus señas supiera...
provincia, ciudad y calle,
 por la envidia que le tengo,
prendería su linaje
con tanta pólvora negra
que ni rastro le quedase.


 ¿Qué me falta...?
sí, hasta tuve pereza
para que no falte el séptimo,
son sesenta en catecismo de amante,
pereza de no moverme,
pereza de no dejarte,
pereza de que se hundieran,
 casa, familia y caudales
sólo por estar contigo,
pegado, lacre con lacre.


Siete pecados me cogen
 del pelo a los calcañales.
Soberbia con avaricia,
 lujuria con ira grande,
gula y envidia y pereza.
 Y si no fueran bastante,
 los siete pareieron siete 
con siete multiplicares.

 Dile que venga a la tuya
al escribano, al alcalde,
 al sepulturero, a todos
los que quieran escucharme;
 tengo dentro de las venas
 los pecados capitales
 y busco mi contrición
algo que de ti me aparte,
que estoy pasando un infierno
donde cuando me achicharre,
los cuatrocientos pecados
darán la lumbre a tu imagen.


Texto: José Antonio Ochaíta
Imágenes: 1. Soberbia, autor desconocido.
                2. Avaricia, autor: Alexandre Dupouy.
                3. Lujuria, autor desconocido.
                4. Ira, autor: Ken Marcus.
                5. Gula, autor: Ken Marcus.
                6. Envidia, autor desconocido.
                7. Pereza, autor: Jacek Pomykalski
                8. Autor desconocido.

jueves, 10 de febrero de 2011

Amé su cuerpo


Amé su cuerpo entonces y su alma.

Su piel fue para mí la tierra firme;
la soñé como un sexto continente
no registrado en mapas todavía.

Soñé con la bahía de su boca.

Su pelo era una selva virgen
que abría su misterio mineral y oscuro.
Soñé con las ciudades de sus pechos.

Los ríos de las venas que afloran en su piel
eran rutas abiertas
a la navegación y al gozo.

Se podía viajar en su mirada.

En las blancas llanuras de sus manos
yo cultivé el maíz y buenas relaciones.

Después no pude estar sino en su cercanía.

  

Texto: Otto Raúl González

jueves, 3 de febrero de 2011

Y después

 
Tal vez mañana
se quiebre la tormenta
y se me enrede el silencio entre los ojos;
tal vez de tanto amor
se nos llene la boca
y acabe por romperse.
Estamos juntos, sí,
y es posible que seas tú
quien esté a mi lado.
Escapas por el borde de mis labios,
abandonas el cuerpo que fue tuyo,
pero estoy tan viva
cuando me tocas,
que ni siquiera tengo
una respuesta,
ni la palabra me asiste,
ni me pertenece,
porque la sed se me ha pegado a la garganta
y la saliva es
un océano inmenso
donde las algas flotan.
Las olas me acarician la espalda,
y la sal se me cuela por las uñas,
y te deseo,
y me deseas,
y tu humedad me limpia,
y despierta este grito,
este misterio,
esta forma de verte tras las nubes.
Rodeo tu cintura,
y resbalo,
y nado a ciegas
por ese abismo sin fondo
que me ofreces.
Después de hoy, la noche,
la noche que me lleva
la noche que seduce mis instintos,
y me devora siempre de igual modo,
y me vomita sobre la arena artificial
de alguna playa.
Mira cómo se me agrieta la piel,
cómo se me vuelve jirones la esperanza….
 
Texto: "Y después" de Ana Garrido